miércoles, 10 de octubre de 2007

Juan Carlos I

Es la semana de Su Majestad, el Rey de España, Juan Carlos I. Cualquiera lo diría, que, tras el brillante papel, como monarca, que el Borbón ha tenido en nuestro país, desde que era un crío, ahora esté siendo criticado, «quemado», «rajado», e insultado por algunos colectivos de la sociedad española, sin más.

Y es que, en España, tendemos a olvidarnos de lo que han hecho por nosotros. Los que ahora no quieren ver ni en pintura al Rey, parece ser, que han desplazado de su mente muy pronto, por ejemplo, aquel nombramiento de Adolfo Suárez, como presidente del Gobierno en 1976, su posición el 23 de febrero de 1981 y los miles de viajes institucionales que ha hecho por este país.

Tenemos poca memoria histórica. Sí, muy poca memoria histórica, ahora que está, de nuevo, tan candente el tema. Queremos recordar muchos acontecimientos, pero no hacemos por rememorar lo que nos ha unido para siempre (quizá la clave está en no querer estar unidos). Además, ahora esta persona empieza a convertirse en un «abuelo» al que cuidar y, es obvio, si no cuidamos al nuestro y lo insertamos hasta su muerte en una residencia, con más motivo a alguien que nos coge más lejos.

Es la semana de Su Majestad, el Rey de España, Juan Carlos I. Su aparición hoy ante el Consejo de Defensa y, lo que es más importante, el día de la Hispanidad del próximo 12 de octubre, pueden dejar ver cuales son las pautas a seguir para resolver un problema (el modelo territorial español), que se ha focalizado en una persona (el Rey).

(Imagen:http://www.casareal.es)

1 comentario:

Nómada planetario dijo...

Creo que como yo hay mucha gente que no cuestiona en absoluto el inventario político de D. Juan Carlos, pero hombre otra cosa es que la monarquía sea cosa hereditaria como un cortijo, si nuestro actual monarca se presentara como presidente de la República tendría muchas posibilidades de conseguir mi voto, en cambio con el resto de la familia me lo pensaría.
Es decir me posiciono en favor de la abolición de la nobleza como tal, sin que para ello se necesario construir una guillotina.
Saludos.