Hoy es casi viernes, está cerca el fin de semana y nos atrevemos a hacer una recomendación para los próximos ratos libres que se avecinan. Anoche, terminamos de leer una magnífica novela. Hace unos meses el libro, «El Ocho», de Katherine Neville cayó en mis manos. Para los que, como un servidor, no son amantes de la lectura de los libros, siempre cuesta iniciar cualquier relato.
Sin embargo, si ustedes son tan tercos como el que les escribe, estoy seguro de que terminarán su ejemplar, antes de que comience la próxima semana. Durante algunos momentos, el libro puede hacerse pesado, me atrevería a asegurar que así será, pero sin oscilación, no dudo en ningún momento que la curiosidad atrayente, que se abre al comienzo de la novela, os hará llegar al final del relato.
Catherine Velis, la protagonista, trabaja para una gran empresa informática de Nueva York. Al final del año 1972, la entidad la obligará a trasladarse a Argelia. Mientras, en la primavera de 1790, en la Abadía de Montglane, el inicio de la Revolución Francesa obliga a desenterrar el ajedrez de Carlomago.
Y es que, como pueden comprobar en la imagen, el eje de esta magnífica novela es un milenario juego de ajedrez, que se irá descubriendo durante el relato. La capacidad de la autora de imbuirnos en la historia es excelente. O quizá no tanto. A fin de cuentas, la vida, puede medirse en un tablero de ajedrez, o al menos, eso decía la Dama Negra. La mejor forma de invitaros a la lectura es con un fragmento de la obra que, sin decir nada de ella, es su perfecto resumen:
«–Tal vez dentro de mil años –dije– haya en este planeta gente mejor… que sabrá cómo usar en bien de todos una herramienta como ésta… en lugar de usarla como un arma para lograr poder. Quizá para entonces los científicos ya hayan redescubierto la fórmula. Si la información que hay en este juego ya no fuera secreta, sino de dominio público… el valor de estas piezas no bastaría para comprar un billete de metro.»
Sin embargo, si ustedes son tan tercos como el que les escribe, estoy seguro de que terminarán su ejemplar, antes de que comience la próxima semana. Durante algunos momentos, el libro puede hacerse pesado, me atrevería a asegurar que así será, pero sin oscilación, no dudo en ningún momento que la curiosidad atrayente, que se abre al comienzo de la novela, os hará llegar al final del relato.
Catherine Velis, la protagonista, trabaja para una gran empresa informática de Nueva York. Al final del año 1972, la entidad la obligará a trasladarse a Argelia. Mientras, en la primavera de 1790, en la Abadía de Montglane, el inicio de la Revolución Francesa obliga a desenterrar el ajedrez de Carlomago.
Y es que, como pueden comprobar en la imagen, el eje de esta magnífica novela es un milenario juego de ajedrez, que se irá descubriendo durante el relato. La capacidad de la autora de imbuirnos en la historia es excelente. O quizá no tanto. A fin de cuentas, la vida, puede medirse en un tablero de ajedrez, o al menos, eso decía la Dama Negra. La mejor forma de invitaros a la lectura es con un fragmento de la obra que, sin decir nada de ella, es su perfecto resumen:
«–Tal vez dentro de mil años –dije– haya en este planeta gente mejor… que sabrá cómo usar en bien de todos una herramienta como ésta… en lugar de usarla como un arma para lograr poder. Quizá para entonces los científicos ya hayan redescubierto la fórmula. Si la información que hay en este juego ya no fuera secreta, sino de dominio público… el valor de estas piezas no bastaría para comprar un billete de metro.»
2 comentarios:
Sí. Sin ambigüedades. Directo.
Sí, estoy de acuerdo.
Un libro muuuuuuy chulo ^^
Lo dice un amante de la lectura: eso es infumable. Se hace muy pesado el libro.
Suerte en esta nueva singladura
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