SEGÚN aseguran las encuestas, si Mariano Rajoy perdió la elecciones fue porque se activó el voto del miedo. Decidieron aquéllos a los que les temblaron las canillas con la amenaza sempiterna -¡Que viene, que viene, que viene la derecha!- y se echaron en brazos del señor Zapatero igual que si se echaran cuerpo a tierra. Así, sin más ni más, sin pensarlo dos veces. ¡Qué dos veces! Ni media. En éste país de todos los demonios (de los demonios familiares y de los forasteros), se vota con las vísceras, no con el cerebro. Basta con pregonar que el coco está al llegar para comerle el ídem a la clientela. Decía el gran Revel, en «El conocimiento inútil», que la mentira es una especie de hilandera que teje y que desteje la irrealidad a conveniencia. Que es, de alguna forma, un ama de llaves de las apariencias. Quizá le faltó decir -disculpe usted, maestro- que los retoños de la farsa son el odio y el miedo. Son los dos eslabones que cierran la cadena. El miedo nunca es libre; el odio es una rémora. Pero van siempre juntos y se alimentan mutuamente. Al personal le asusta lo que odia y odia mortalmente lo que teme. ¡Que viene, que viene, que viene la derecha! Al cabo, la derecha no ha venido (todos saben cómo ha sido) y lo que sí se ha presentado, derribando la puerta, es la crisis voraz y galopante que, con tan poco patriotismo, pronosticaba la derecha.-¡Pero si aquí no hay crisis, agorero! ¿Es que no ha oído usted al presidente?
-Tranqui, no se encocore y que sean los clásicos quienes dicten sentencia. ¿Qué le parecería hurgar en el baúl de la Piquer para cantarle a Zapatero las cuarenta? Quédese con la copla, si es que no la recuerda, y así se enterará de lo que vale una peineta: «Yo soy... esa. / Esa oscura clavellina / que va de esquina en esquina / volviendo atrás la cabeza. / Lo mismo me llaman Carmen, / que Lolilla que Pilar; / con lo que quieran llamarme / me tengo que conformar». Pues eso es la crisis: «esa».
-¡Toma castaña con las castañuelas!
-Hace mal desdeñando a doña Concha, que fue una artista inmensa. Pero, de cualquier modo, si la tonadilla no es su género, podemos acudir al viejo Homero. Tras armar la de Troya, Ulises el astuto puso rumbo hacia Itaca y, entre otras peripecias, fue a caer en las garras del cruel Polifemo. El cíclope en cuestión tenía un saque inmenso y se zampaba a los mortales con el mismo apetito que la crisis («la esa») se zampa las haciendas. También era cotilla, o chismosillo al menos, y quiso conocer la identidad de Ulises, su oficio y sus querencias. El héroe veterano, el urdidor de tretas, aseguró llamarse Nadie y cuando cegó al gigante con una estaca ardiente y escapó de la isla a toda vela, el pobre Polifemo -hijo de Poseidón para más señas- en vano pidió auxilio a los parientes. «Nadie me ha herido; Nadie me mata con mañas arteras». «Pues si nadie te incordia -le contestaron sus hermanos- acuéstate y duerme».
-O sea, que Zapatero es un don Nadie y Solbes casi un cíclope, a ojo de buen cubero.
-Nadie ha dicho eso.
La mentira constante y el odio pertinaz fueron los avalistas de aquel voto del miedo. Y ha llegado el momento de aflojar, puesto que el miedo exige su soldada, ya sea en especies o en billetes. ¡Pero, hombre de Dios, si no ganamos para sustos y pretende cobrarnos el salario del miedo! No hay pretensión que valga, es un hecho probado, cabal y fehaciente. Tanto, que, cada día, lo pagamos con creces. Suben las hipotecas, el crecimiento mengua, el paro se desboca, el fin de mes aprieta... Pero todo va bien, señora baronesa. Nadie nos amenaza; la crisis es eso: «esa»; Zapatero se marca otra vuelta de tuerca. Tras patearse el optimismo patriótico en la hemorragia futbolera, el optimismo, en adelante, combinará con la moral, con la decencia y con el atuendo. Que te tomen el pelo impunemente es uno de los pluses del salario del miedo.
http://www.abc.es/ – TOMÁS CUESTA – 07-07-08
(Imagen:http://definanzas.com/)
No hay comentarios:
Publicar un comentario