Recesión es la palabra de moda estos días en el mundo económico, no tanto en el español como en el ámbito global occidental. En las últimas horas, la palabra ha sonado con fuerza y ha sacudido el ánimo de los inversores. Las Bolsas lo han notado con intensidad, sobre todo en Europa, poco en Estados Unidos (que es al fin y a la postre el principal candidato entre las grandes economías mundiales a una severa corrección de sus niveles de actividad) y bastante menos en Asia, en donde viven de momento concentrados en el milagro chino e indio, en donde conocen tasas de crecimiento todavía de dos dígitos. Quizás la fiesta asiática tiene fecha de caducidad. Dicen algunos agoreros que el día en que los Juegos Olímpicos de Pekín echen el telón, China va a entrar en otra nueva fase de su economía, lo que sería una auténtica conmoción para el mundo ya que la economía china, junto con India, es la responsable en la actualidad de casi la mitad del crecimiento de la economía mundial.Pero en donde resuena con fuerza la palabra recesión es en Estados Unidos y en España, las dos economías candidatas a figurar en la crónica de sucesos económicos durante los próximos meses. Las dos economías tienen en la actualidad una coincidencia en el calendario que es la proximidad de unas elecciones generales, más inmediatas en el caso español (marzo) que en el de Estados Unidos, en donde las presidenciales tocan en noviembre, aunque el año entero será eminentemente electoral en este país.
En las últimas horas, al menos tres informes económicos se han despachado son sombrías previsiones económicas para Estados Unidos. Uno, de Merrill Lynch, otro del Foro Económico Mundial de Davos (que en breve reunirá a la élite mundial de los negocios, reunión que permitirá hablar largo y tendido sobre el asunto) y uno más de Goldman Sachs. Es decir, dos bancos de inversión de primera línea y una organización privada de peso en la economía global de los negocios. El informe del Foro de Davos ha sido elaborado por varios expertos pertenecientes a bancos de inversión y a instituciones privadas de investigación económica. La artillería de estos analistas se ha concentrado estos días en decir más o menos lo mismo,: que Estados Unidos entrará en recesión en la segunda mitad del año y que las condiciones financieras que prevalecen en las economías occidentales desde el pasado verano tienen la culpa en gran medida de lo que está a punto de suceder. La fase excepcional de crecimiento económico que hemos vivido, y de la que aún disfrutamos, se apoyó en unos tipos de interés muy bajos y una amplísima disponibilidad de crédito. La interrupción de estas condiciones es lo que nos puede llevar a la crisis.
La economía española no se libra de los pronósticos adversos. Hoy miércoles, la élite de los negocios se ha desayunado en España con un alarmante diagnóstico del Financial Times, en donde varios analistas vienen ya disparando desde hace unas semanas a todo lo que se mueve más abajo de los Pirineos. Los ingleses nos dan por desparecidos en combate mientras Zapatero apela al “patriotismo económico”, echándole la culpa a Mariano Rajoy de la distribución de comentarios alarmistas sobre la economía doméstica. El diagnóstico del diario británico habla hoy de “brusca parada” de la economía española a causa del frenazo mundial del crédito. Otro informe de UBS y uno más de Merrill Lynch nos retratan con poco afecto.
Ni qué decir tiene que la gente está en general bastante confusa porque algunos diagnósticos catastrofistas no encajan bien con datos de la vida diaria que percibimos, de momento, con bastante nitidez y que no siempre hablan de crisis. Es verdad que las casas se venden menos que antes, pero eso ya lo sabíamos antes de la crisis de agosto, porque el mercado estaba disparatado. En cambio, el crédito hipotecario sigue creciendo a tasas entre el 14% y el 16% (hace un año, al 23%), es decir, bastante, aunque menos que hace doce meses. Las rebajas han estado casi a rebosar, lo que significa que la gente gasta dinero. El ahorro sigue descendiendo a pesar de que la renta disponible no deja de aumentar, lo que significa que el consumo sigue a buen ritmo. Es posible que estemos en una fase de transición, en la que los indicadores buenos y malos se alternan y nos impiden ver con nitidez el futuro. Desde luego, el ruido electoral no va a facilitar las cosas. Pedro Solbes habla hoy en el Congreso sobre la situación. Difícil papeleta. Tendrá que ser convincente sin ser triunfalista. Si lo logra tendrá un gran mérito.
PRIMO GONZÁLEZ – http://www.financierodigital.es/ – 02-05-08
(Imagen: http://www.financierodigital.es/)
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