No es una situación nueva, si asumimos que casi todo lo que ocurre en el mundo es predecible y que las crisis imprevistas solo son tal en el 20% de los casos. El Gobierno de Myanmar, lo que para todos es conocido como Birmania, se encontraba hace una semana tranquilo. No sabía lo que le podía ocurrir.La ONU, rápidamente, alzó la voz de alarma y no dudó en avisar a la Junta Militar del país asiático. Un ciclón peligroso se dirige hacia allí, proteged a la población. Pero la población no les interesaba a ellos. Dígame usted por donde pasará el ciclón, preguntaban algunos. Entonces no hay problema, sentenciaban los mismos.
El resultado ya lo conocen. Un país devastado, debido al ciclón Nargis, que según EE.UU. habría acabado ya con la vida de 80.000-100.000 personas, una cifra bastante seria y considerable. Pero no necesitamos ayuda europeos, nosotros nos bastamos con lo que tenemos, insistían los gobernantes.
Imagínense cual debe ser el Estado en el que está el país para que los dictadores de Birmania hayan aceptado la ayuda internacional. Imagínense cual debe ser el corazón de los gobernantes de la ONU, que permanecen impasivos ante ello. Imagínense lo feliz que sería Myanmar sin sus dictatoriales gobernantes. Pero hay muchas «birmanias» en el mundo, que sólo han cometido un pecado al existir, no tener petróleo bajo su tierra.
(Imagen:http://www.infobae.com/)
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