«Qué alguien pare esto, por favor» rezaba una columna de The Washington Post, tras la victoria de Hillary Clinton en las elecciones primarias, en el seno del partido demócrata, en Pensilvania. Se esperaba. Las encuestas, en las que Obama había logrado recortar la ventaja a tan sólo cinco puntos, fallaron, como de costumbre, y la diferencia fue la psicológica cifra de diez puntos de ventaja.Volvemos al mismo debate de los últimos meses. ¿Qué premia más, las victorias, o las victorias en los grandes estados? Si tuviéramos que decantarnos por algún candidato, Clinton sería nuestra elegida, ya que creemos acertada su teoría, en la que se planea una derrota demócrata, con las victorias de Obama en los pequeños municipios.
Sin embargo, y respetando la libertad de los dos candidatos para continuar, «qué alguien pare esto» si los demócratas desean ganar las elecciones de noviembre. McCain lleva semanas trabajando en ellas y los candidatos demócratas están más pendientes de sus disputas internas.
Hasta la fecha, y aproximadamente, Obama cuenta con unos 1650 delegados, frente a los 1500 de Clinton. 2.025 delegados es la cifra mágica, para no llegar, tras las primarias, a la Convención en Denver (Colorado), con todo abierto. Parece complicado, y los 800 superdelegados demócratas decantarán la balanza para un lado, u otro, salvo que alguien pare esto, y ayude a los demócratas.
(Imagen:http://www.elmundo.es/)
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