Las primeras máquinas parlantes fueron las expendedoras de tabaco. Comprabas un paquete de cigarrillos y entonces te decía, con voz de señorita bien educada: «Muchas gracias». Y tú, no menos educadamente, le contestabas: «No hay de qué».Los españoles antiguos, digo los de la postguerra, pensábamos que, en el interior del artilugio, había una moza de carne y hueso, bien que comprimida. Y nos daba cierta pena. Pero, claro, como encontrar trabajo sigue siendo dificultoso, entendíamos que algunas personas aceptasen el empleo, a la espera de algo mejor que meterse allí dentro.
Esto fue sólo el comienzo. Más con prisa que con pausa, empezaron a aparecer voces de estas en las centralitas de teléfonos. Y por fin nos dimos cuenta de que al otro lado del hilo no había una persona, sino que se trataba de una grabación de las que llaman magnetofónicas. Y entonces supimos que la chica del tabaco era de mentira.
Me creo yo que a casi nadie le gusta hablar con las máquinas. Primero, porque es algo inhumano, tipo Orwell. Y segundo, porque resulta imposible dialogar. El aparato va a lo suyo, terne. Y si le solicitas alguna información, no te la puede dar. Muchos que se pensaban que era una individua en carne mortal la que atendía su llamada, se crispaban tanto, que hasta les daba un telele.
El comunicante fantasma se generaliza cada vez más. Te lo topas, por ejemplo, cuando llamas para contratar un partido de fútbol por la tele, o cuando avisas a Repsol para que te mande gas. Pero no se quesda ahí la cosa. Muchas empresas, incluso las de menor entidad, han adoptado el sistema.
Lo veo mal, pues el diálogo es algo que la salud de la sociedad requiere. Imagina que las negociaciones políticas, como las de Israel-Palestina-Bush, se hicieran por medio de estos chismes. Si estando las partes cara a cara y mirándose a los ojos, no hay manera de que se entiendan, ¿qué ocurriría si los negociadores se sustituyeran por máquinas?
Supongamos que deseas hablar con tu novia por teléfono, para contarle lo mucho que la quieres. Llamas y ella te responde: «Si me quieres mucho, pulsa uno; si me quieres sólo regu, pulsa dos; y si no me quieres nada, pulsa tres. Para irte a la puñetera mierda, pulsa arterisco».
GARCÍA MARTÍNEZ – 12-01-08 – http://www.laverdad.es/
(Imagen:http://www.prodimi.net/)
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