Parece claro que el partido demócrata volverá al poder en las próximas elecciones estadounidenses. El crédito de George W. Bush y, por tanto, del partido republicano de Estados Unidos está, a día de hoy, agotado en el país más importante del mundo. Los estadounidenses quieren un cambio y es el partido demócrata el que, tardo o temprano, se lo va a dar.Al hablar del partido demócrata, principalmente, hablamos de Hilary Clinton y de Barack Obama. La primera representa, para EE. UU., una ruptura progresiva con el republicanismo, siguiendo la política de su marido Bill Clinton, presidente desde 1992 hasta 2000. Obama encarna el cambio más radical posible, desechando todo lo pasado.
Garrafales fallos en las encuestas (por ejemplo, el 47% de las mujeres han apoyado a Hillary Clinton, en contra del 34% que auguraban las encuestas) daban a Obama como claro vencedor en New Hampshire, segundo estado que vota en las elecciones primarias, lo que podría dejar muy tocada a la ex primera dama, de cara a su deseo de llegar a la Casablanca, tras su derrota en Iowa. Sin embargo, contra todo pronóstico, Clinton venció a Obama y equilibró la partida.
Todo parece indicar que nada podrá decidirse antes de lo que en EE. UU. se empieza a conocer como el supermartes del 5 de febrero. Ese día se llevarán a cabo las elecciones primarias en 24 estados estadounidenses, algunos carismáticos como California, Nueva York o Nueva Jersey. Esta claro que, lo logrado hasta ahora no es destacable, pero, al menos, sí provisional. Este rotativo, pese a la igualdad, cree que el perfil más humano y continuista de Clinton le dará la victoria a la demócrata, frente a Obama.
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