viernes, 16 de noviembre de 2007

Musharraf, aferrado al poder

Pakistan está en crisis desde hace varias semanas. La vuelta al país de Benazir Bhutto, con el único objetivo de evitar que el general Pervez Musharraf continúe gobernando el pueblo a su antojo, ha abierto una encarnizada lucha, a veces literalmente, en la cual ninguna de las partes esta dispuesta a ceder.

Lo que parece estar claro en Pakistan es que nadie quiere que Musharraf continúe administrando el poder del pueblo, lo que ha hecho que las facciones más opuestas de la democracia pakistaní se hayan «aliado» para intentar devolver la normalidad a un país que, desde su nacimiento, lleva congénita a la inestabilidad política.

Sin embargo, reflexionemos acerca de prisión domiciliaria, la nueva fórmula de encarcelamiento de los últimos años. Benazir Bhutto, principal contrincante de Musharraf, fue «encarcelada» en su casa en los últimos días con el fin de evitar una manifestación. ¿Eso es democracia, general Pervez Musharraf?

En las últimas horas, el Gobierno paquistaní ha levantado la orden de arresto domiciliario, que pesaba sobre la líder de la oposición y se ha creado un Gobierno interino que supervise todo el proceso electoral. Falacias. No pretendamos creernos las buenas intenciones de Musharraf o estaremos condenados al fracaso en Pakistan.

Los grupos occidentales, democráticos, deben tomar cartas en el asunto. La «mini-revolución» levantada por Bhutto, quizá la persona menos apropiada para ello, no puede quedar relegada a las anécdotas de este país. Levemente, se ha dado el primer paso.

Desde occidente hay que plantar cara al gobierno estadounidense, partidario de Musharraf e intervenir. Otra postura es no querer ver la realidad. Si la clave no es como lo puede estar pasando el pueblo pakistaní, sino el punto de vista económico, mal vamos.
(Imagen:http://www.elpais.es/)

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