
El Rey Arturo recogió hace unos mil años una espada en unas tierras lejanas del hemisferio norte y, como es lógico, necesitaba de protección para llevar a cabo sus misteriosas y siempre divertidas aventuras. ¿Estamos hablando de una leyenda, de un cuento, o es ésta una forma de representar una realidad actual?
El planeta, durante siglos, ha estado constantemente en guerras y disputas. Ahora, que por lo menos en el viejo continente, ha llegado la paz a nuestros días, lo lógico sería echar abajo los pocos muros que quedan, eliminar los ejércitos y vivir en completa paz. Pero claro, eso sería lo lógico y nosotros no vamos a funcionar, ni a utilizar la lógica, es malo, algunos dicen, que hasta no se recomienda.
Nosotros, por lo común, como hacen los «buenos» hombres que dirigen Rusia y EEUU (Putin y Bush), nos peleamos y preferimos ver al otro humillado. Actualmente, se libra una inútil «guerra» para ver quien es el que coloca el mejor su escudo antimisiles. Claro está, que si no disparáramos misiles no sería necesario que colocáramos los escudos. Si se hace es porque lo que más deseamos es destrozar a nuestro enemigo, aunque no nos dejen.
En 1989, el mundo dio un ejemplo de cordura y cayó el muro de Berlín. Ahora nos empeñamos en levantar lo que tanto tiempo costó destruir, porque no confiamos en el otro o, simplemente, porque no confiamos en nuestra capacidad de ser buenas personas. O nos replanteamos la situación… o vamos a la deriva, sino tiempo al tiempo.
El planeta, durante siglos, ha estado constantemente en guerras y disputas. Ahora, que por lo menos en el viejo continente, ha llegado la paz a nuestros días, lo lógico sería echar abajo los pocos muros que quedan, eliminar los ejércitos y vivir en completa paz. Pero claro, eso sería lo lógico y nosotros no vamos a funcionar, ni a utilizar la lógica, es malo, algunos dicen, que hasta no se recomienda.
Nosotros, por lo común, como hacen los «buenos» hombres que dirigen Rusia y EEUU (Putin y Bush), nos peleamos y preferimos ver al otro humillado. Actualmente, se libra una inútil «guerra» para ver quien es el que coloca el mejor su escudo antimisiles. Claro está, que si no disparáramos misiles no sería necesario que colocáramos los escudos. Si se hace es porque lo que más deseamos es destrozar a nuestro enemigo, aunque no nos dejen.
En 1989, el mundo dio un ejemplo de cordura y cayó el muro de Berlín. Ahora nos empeñamos en levantar lo que tanto tiempo costó destruir, porque no confiamos en el otro o, simplemente, porque no confiamos en nuestra capacidad de ser buenas personas. O nos replanteamos la situación… o vamos a la deriva, sino tiempo al tiempo.
(Imagen:http://www.elpais.com)
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